November 24, 2007

Trabajo difícil (9.5 de 10)


...Apuntaba a mi frente, haciendo caso omiso a los reclamos de los uniformados que le pedían que soltara el arma, mientras los vecinos le vitoreaban y pedían que me matara...

Sus ojos estaban llenos de furia, toda la rabia que estaba sintiendo se veía reflejada en su mirada. Pero la sangre que corría de su cuerpo le debilitaba, se notaba cierto temblor en su mano, casi no podía mantenerse en pie.

Comencé a sentir el dolor del disparo que tenía en mi hombro, pero trataba de ocultar cualquier tipo de debilidad para que eso atormentara más su cabeza. En realidad, ya yo no sabía cómo salir de allí, estaba pensando que lo mejor era acabar en ese sitio, antes que caer preso, eso no podía permitirlo. Sabía que ella no me mataría, a pesar de todo lograba notar que ese empeño que ella tenía por entregarme vivo era lo que más ira le provocaba. Ya me había dejado claro que la muerte no era suficiente castigo por el daño que le había causado. Así que mi siguiente movida debía ser llevarla hasta su descontrol para que finalmente tirara del gatillo. Pero cómo?

En ese momento, la misma voz que hacía unos minutos había pedido que el tiroteo cesara, comenzó a pedirle a ella que soltara el arma y se retirara del lugar. Le decía que ya tenían control de la situación y que sabían que las balas se me habían terminado. Pero ella parecía no escuchar. Seguramente no escuchaba, porque ni siquiera trataba de ver quién le estaba hablando. Sus ojos seguían fijos en mi, esos dos minutos parecían eternos. De haberlos escuchado les hubiera hecho caso, era de su interés que me capturaran. Escapar ya no era una opción para mi, el auto no se movería, y seguramente me capturarían desde que saliera de el para buscar otro medio. Lo único que podía hacer era tratar de volver a tomarla de rehén, pero esta vez estaba desarmado. Solo me quedaba una escopeta en el baúl. Por mi cabeza ni siquiera cruzaba la idea de intentar llegar a ella…o si, podría escurrirme hasta el asiento trasero mover el seguro del espaldar para tener acceso al baúl desde el interior. Pero cómo, con ella apuntándome. Y seguramente los policías al ver mis movimientos volverían a iniciar el fuego.

La nueva esperanza de poder escabullirme borró de mi mente la idea de morir en ese lugar. Ahora debía ingeniármelas para eliminar mi primera amenaza, a ella que me había llevado hasta esa situación. Nunca me había sentido con tantos deseos de acabar con una vida.

El escenario era el mismo que al principio, pero con algunas diferencias. Ella estaba apuntándome desde la ventana, así que podría aprovechar cualquier distracción para volver a golpearla con la puerta. Pero eso provocaría que los policías me terminaran fusilando. Y además, la perdida de sangre desde mi hombro estaba afectando mis sentidos. Un momento, a pesar del temblor en su mano logro ver que el revolver tiene el seguro puesto. Ahora las cosas se están tornando a mi favor, debo aprovecharme de ese error.

Dispara – le dije – termina esto de una vez y por todas, en el fondo se que quieres hacerlo. No te sentirás satisfecha mientras sepas que estoy vivo.

No – me respondió después de una larga pausa – es verdad que te quiero muerto por lo que hiciste. Pero matándote a ti solo le haría un bien al criminal detrás de tus acciones. Matándote a ti eliminaría cualquier posibilidad de dar con la razón, con la explicación que tanto he esperado todos estos años. Necesito saber por qué…y por ello no puedes morir, al menos no por ahora.
Su respuesta me congeló las ideas por un instante.

Era cierto que a través de mi podrían dar con ellos, si no con todos, por lo menos con alguno de mis contratantes. Siempre he guardado cada uno de los sobres como mi seguro de vida. En alguno de ellos debe haber un rastro, una huella. Si la policía me atrapa, encontrarían la forma de sacarme información, y luego de que tengan esos sobres, los analizarían hasta sacarles la mínima pista. Mientras me apuntaba con su arma en una mano, con la otra se apoyaba de la puerta del carro. Estaba haciendo un esfuerzo sobre humano para no perder el sentido.

Y es verdad que piensas que me dejaré capturar? – le pregunté – y en caso de que lo hagan, crees que en la prisión duraría mucho tiempo con vida? Si no lo haces ahora, yo mismo me encargaré de silenciarme.

Me pareció ver como sus ojos se incendiaban por el odio. Tiró del gatillo, pero nada sucedió. Se percató de que el seguro estaba puesto, pero antes de que lo quitara, ya yo tenía el arma sujetada fuera de mi cuerpo, mientras abría la puerta y me abalanzaba a ella...

2 comments:

Anonymous said...

Cada vez más interesante, que pena que ya casi termina.

MG

*Lin* said...

uy que buena se sigue poniendo la historia!!