November 18, 2008

Siguiendo la señal (el trato...)



- Finalmente nos volvemos a encontrar. No te muevas o disparo!- Le decía el Sargento Wippes mientras apuntaba con su arma al pecho de González, quien a pesar de la advertencia intentaba sacar la pistola que llevaba en su espalda. En ese momento, sintió detrás de él la brisa fría de la madrugada, alguien abrió la puerta y rápidamente se paró detrás suyo. No tuvo tiempo de voltearse, en su cuello sintió el frío metal de una pistola. Desistió de su idea de tomar su revolver, mientras quien estaba a su espalda lo despojaba de su arma.

- Así te quería tener, monstruo, criminal, hijo de p****!- De esa forma una voz femenina rompía ese medio minuto de silencio. Y González sin necesidad de mirar a quién le externaba tan bellas palabras, ya sabía de quién se trataba. Mientras, frente a él y con una sonrisa dibujada en su rostro, Wippes salió del mostrador y caminó hasta ponerse justo delante suyo.
Sarah, quien le apuntaba desde atrás hizo lo mismo, retiró la pistola del cuello de su prisionero y se paró al lado del Sargento. González pensaba que para bien o mal su plan había dado resultado, aunque no del todo pues todavía faltaba una persona por aparecer, y esa persona era la verdadera razón del reencuentro, Cris, el hijo de ella, y a quien él había criado por casi cuatro años luego de haber asesinado al padre.

Con tres pistolas apuntándole era poco lo que podía hacer, pero el hecho de que todavía estuviera con vida, significaba que su muerte no era una prioridad, por lo menos no para uno de sus captores.

- Dónde está Cristopher!?!?- González preguntó mirando fijamente a Sarah, a quien la cólera le brotaba por los ojos. Su respuesta se escuchó en todo el motel, cuando al mismo tiempo que le gritaba -Cállate!- un disparo se liberó de la pistola que sujetaba firmemente. Tampoco Wippes se lo esperaba. La bala pasó a pocos centímetros de la cabeza de González y terminó incrustada en una de las paredes, justo debajo de un cuadro que tenía una imagen algo desteñida de unos bisontes, parecía sacada de alguna revista de vida silvestre. Con el rostro levemente quemado por la pólvora que rozó su mejilla, González aprovechó el momento de incertidumbre en que Wippes había puesto su completa atención a su compañera de armas, y con un golpe contundente en la mandíbula del Sargento logró que este perdiera el equilibrio y el arma. Pero Sarah volvió a dejarse sentir, su segundo disparo se había incrustado de nuevo en aquella pared, pero antes traspasó el muslo derecho de su rehén. Ahora González estaba tendido en el suelo, con su pierna sangrando profusamente.

- Estúpida! te había dicho que no lo mates, si lo quisiera muerto, hace tiempo que lo estuviera, además estás llamando demasiado a la atención.- Wippes le reclamaba a la pistolera, y le arrebataba una de las armas. Escupió sangre encima del malogrado González, y volvió a dirigir su atención a la mujer. -Es que no recuerdas cada palabra de lo que te dije antes!?- Es que debo recordarte que si no cumples con tu parte del trato, jamás volverás a ver a tu hijo!?- Una lágrima brotó del ojo izquierdo de Sarah. Ella sabía lo que tenía que hacer, pero por momentos los demonios en su cabeza le jugaban sucio. Los reclamos del Sargento se perdían en el aire, ella miraba al suelo, la sangre de González casi tocaba la punta de sus zapatos. A su cabeza llegaron imágenes como en forma de diapositivas de lo que había sucedido antes, imágenes de eso que estaba hablando Wippes, pero ya ella no le escuchaba, se había transportado mentalmente a aquellas imágenes: El Sargento Wippes tocando a su puerta; el Sargento Wippes forzándoles a salir de la casa; el Sargento Wippes llevándoles a ese motel; Wippes amarrándola en una silla y llevándose de la habitación al niño; Wippes regresando solo, y diciéndole -González vendrá pronto, el muy imbécil creyó que no me daría cuenta del chip que me puso en la ropa, así que haremos lo siguiente: lo estaremos esperando y cuando lo tengamos, me ayudarás a que nos diga dónde tiene escondidos sus ahorros millonarios. Luego de que arruinó mi carrera y mi vida, no pienso desaparecer de este país con las manos vacías. Y si no me ayudas despídete de tu Cris."- Los reclamos de Wippes se mezclaron con las imágenes en su mente, levantó la mirada y le pidió al Sargento que hiciera lo que tenía que hacer, sin perder más tiempo.

Wippes por otro lado, había comenzado a interrogar a González empujándole en la cabeza la pistola que le había arrebatado a la mujer. Pero Wippes, por un momento había olvidado lo que había pasado con su propia arma un minuto atrás, cuando luego del golpe que González le había propinado la había dejado caer al suelo. Se había olvidado de su pistola, que estaba en el suelo justo debajo del sangrante pero todavía consciente sicario...
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(Imagen: gracias a yahoo...)


2 comments:

Carolin said...

Bueno esta historia no deja de sorprender. Por lo visto ambos luchan “a capa y espada” por lo que quieren, ya me encantaría saber quien vencerá.

lin* said...

ay ay esto se pone cada vez mejor!!

oye pero wippes me ha defraudado, pense que seria mas bueno con sarah y cris!!!

pero veamos en que para esto!!