April 10, 2008

Una vida casi normal (mamá regresará en un minuto)


El sol se estaba poniendo, a esta altura la noche llega aun antes de que el sol se pierda en el horizonte, el resto de los edificios se ocupan de ocultarle. Terminé de preparar la cena, ayudé a Cristopher con su tarea, y le ayudé a bañarse. El ritual de la cena fue el mismo de todas las noches, las conversaciones eran escasas, casi nulas. Nos limitábamos a comer, y por ratos largos, él se perdía mirando mi rostro, como si las cicatrices en mi piel fueran un laberinto en el que se perdía cada vez que me miraba. Pero ya estaba acostumbrada a ello, al menos ya no era como al principio, ya aquel terror que antes se veía en sus ojos al momento de encontrarnos se había ido, se había transformado a ser una curiosidad.

Pero no serviría de nada que le contara la verdad de esas marcas, lo único que lograría sería confundirle más, debía seguir los consejos de la trabajadora social, con el tiempo las cosas serían más sencillas. Todavía le cuesta mucho trabajo hablarme, pero no voy a presionarlo, me pongo en su lugar y estoy más que clara de todo lo que por su mente debe estar pasando.

Los tutores que el estado ha provisto han hecho muy buen trabajo, pronto ya podrá incorporarse a clases normales, le será de mucha ayuda juntarse con otros niños. El pobre, desde pequeño encerrado en un apartamento, y ahora sucede lo mismo a pesar de que está conmigo. Pero si las promesas son ciertas, en unos meses iremos a un lugar más grande, en donde podremos llevar una vida casi normal.

Si bien es cierto que su salud fue muy bien cuidada, el simple hecho de crecer en ese medio, en ese mundo de violencia y crimen, y en las manos de un asesino, era como estar sentenciado a terminar sus días en ese mismo ambiente, era cuestión de tiempo en que se convirtiera en un delincuente. Doy gracias a Dios todos y cada uno de los días y meses que han pasado desde que otra vez estamos juntos. No pierdo las esperanzas en que pronto estaremos viviendo como una familia, sin tantos ojos sobre Nosotros, sin tantos misterios, sin estar escondidos.

Recuerdo como ayer cuando le vi por primera vez, aquella carita tan dulce, tan inocente. No tenía la menor idea de lo que sucedía a su alrededor. La Sra. del Centro me contó cómo lo encontraron, cómo llegaron a él. El mayordomo del edificio en el que se encontraba lo escuchó llorando, tocó la puerta del apartamento pero nadie respondió, trató de abrir con su llave maestra, pero el llavín había sido alterado. Tuvo que derrumbar la puerta, y al no encontrar a ningún adulto a su lado, llamó a la policía. Dijeron que tenía dos días encerrado, la Televisión estaba encendida, al parecer era así como lo dejaba siempre, entretenido frente al televisor.

Al principio los oficiales no sabían de quién se trataba, solo después de unos días, que fue lo que les tardó encontrar alguna pista en el apartamento. Les tomó mucho tiempo encontrar algún documento en el que estuviera impreso el nombre de sus padres, o de quienes fingían serlo.

Ahora, él está más seguro conmigo. Solo tengo que preocuparme porque logre abrirse a mi, porque finalmente entienda quién soy, que olvide la imagen que por casi cuatro años tiene grabada en su cabeza, se que no será fácil, pero es algo que estoy decidida a hacer. Bajo ninguna circunstancia puedo permitir que siga viendo a ese criminal como si fuera su padre. Antes de dormir me pregunta por él, y no puedo hacer más que ocultar mi odio y responderle algo que le haga dormir tranquilo, alguna mentira que le haga dejar de extrañarlo aunque sea por ese momento.

Debo recuperar estos años perdidos, debo hacer mi mayor esfuerzo, se que sola me costará el doble, pero es algo que debo hacer. Por Cristopher, por nuestro hijo, por mi...

-Ding, Dong!- Sonó el timbre de la puerta. Visitas a esta hora? Que extraño!

-Cris, ve a tu cuarto cariño, mamá regresará en un minuto.- Le dije al niño, quien luego de eso recogió su cuaderno y entró a su habitación. Cerré su puerta y caminé a la entrada del apartamento. Me asomé por la mirilla, pero no lograba ver más que al Agente Scott en su habitual pose de guardián de tienda. -Quién es? Agente Scott, quién está ahí?- Pregunté sin despegar el ojo de la puerta.

-Abra la puerta Sarah- me respondió quien tocaba el timbre. -soy el Sargento Wippes...!


4 comments:

Carolin said...

Bueno estas historias cada día se ponen mejor. ¿Ahora que será lo que quiere el sargento Wippes, contarle que González estuvo preguntando por ella y por el niño?
Uhmmm ya quiero conocer esa conversación.

Ramielys said...

Wey!!!

Tu tienes que ponerme arriba SIEMPRE perseguidos por el pasado.. pq yo andaba en otro mundo... pero cuando llego al final es que tiemblo!!!

Ajappp y entonces?

*Lin* said...

que giro tan extraño!!!!
este va antes que el del honor o paralelo??!?! que cool!!!

pvilas said...

gracias por seguir leyéndome y comentando blog amigas! sus letras me ayudan a seguir la trama...