April 15, 2009

la leyenda de Tuwa...


Cuenta la leyenda, que al verle tendido en el suelo y cubierto de sangre, Tuwa se arrodilló ante Aquene y le cubrió de lagrimas el pecho. El pecho sin vida de aquel a quien ella amaba casi tanto como al aire, o como al agua, y más que a la luna que sin suerte trataba de iluminar aquella oscura noche. Tuwa se aferró al cuerpo de Aquene, lo abrazaba con toda su alma, como tratando de regresar en el tiempo, intentando quizá que su llanto y la fuerza de su amor hicieran que el espíritu volviera a darle vida. Pero era tarde, la esencia de su compañero viajaba ya entre las hojas de los árboles y se mezclaba con la brisa que le movía los largos cabellos negros, negros como esa oscura noche.
Tuwa estaba desconsolada por la muerte de Aquene, no podía aceptar la abrumadora realidad e intentaba detener con sus manos la sangre que todavía brotaba de la fatal herida en el costado izquierdo de su amado; se detenía si, pero no era ella quien lograba parar la corriente roja, sino la escasez de la misma en el interior de aquel cuerpo inánime. Cuando finalmente aceptó que ni su deseo, ni su fe, ni la fuerza inigualable del amor que les unía haría regresar a Aquene de ese viaje sin retorno al cual él se dirigía, la desesesperación y la desesperanza se hicieron sentir en la mente desolada de Tuwa. Sin importar que le tranquilizara la idea de que la ida de Aquene fuera por una causa justa, y que por tanto su amado estaría en un mejor lugar cuidándola desde lo lejos y al lado de sus ancestros, en su cabeza le tentaba la idea de dejarlo todo y acompañarle en ese mismo segundo, en ese lugar. En ese momento, una brisa suave secó las lágrimas que todavía se escurrían por su rostro, y empujó la última hasta hacerla caer sobre su abultado vientre, provocándole recordar en ese instante que no todo estaba perdido, que en su interior sí llevaba la esencia de Aquene, y que por esa esperanza y por ella misma debía luchar por sobrevivir, y para ello debía enfrentarse al culpable de su sufrimiento.
Tuwa sabía quién le había arrebatado la existencia a Aquene, sabía que Altoba era el culpable. El había intentado muchas veces acabar con la vida de la propia Tuwa, para lograr imponer su voluntad, pero ella siempre fue rescatada por el gran guerrero Aquene, quien desde el origen de los tiempos le había sabido defender. Pero en esa oportunidad, aquella noche, Altoba había logrado vencerle, aprovechándose de la oscuridad de los tiempos y la debilidad de su oponente, quien se encontraba ya bastante golpeado por los muchos intentos de aquel miserable ser. Tuwa que estaba conciente de que ahora dependía de ella su propio destino y el de la criatura que llevaba en su interior, luchó, luchó como la gran guerrera que era, y luchó como nunca antes lo había hecho. Luchó por ella y por el amor que crecía en su vientre, a quien había decidido llamarle Aquene en honor a su padre.
La batalla fue dura y larga. Pasaron muchas noches con sus muchos días, pero ella nunca se rindió. Hasta que llegó el día en que luchó en compañía del recién nacido Aquene, y juntos lograron vencer a Altoba, quien a pesar de su poder tan oscuro y su odio innato, no pudo en contra de aquella renovada unión.
Desde entonces la madre Tuwa lleva en brazos al pequeño pero todos los días creciente Aquene, protegiéndose entre ambos y luchando por todo lo que existe a su alrededor.

Significado de los nombres en lengua nativa americana:
Tuwa: Tierra; Aquene: Paz; Altoba: Todo es Guerra
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Imagen tomada de yahoo! image search...

1 comment:

lin* said...

Que linda y esperanzadora historia...